domingo, 12 de diciembre de 2021 0 comments

Capítulo 1 entrega 2

 

La ciudad era indiferente al drama que ocurría dentro del hospital. Los golpes que Carlos recibió lo dejaron al borde de la muerte. Por varios días doctores y enfermeras creyeron que no lo lograría, pero la vida se aferró al corazón del hombre y una semana después de que lo encontraran los servicios de emergencia despertó:

 

-          Paula – intentó decir, aunque si alguien hubiera estado cerca sólo habría escuchado un gemido – Paula – Y se volvió a desmayar.

 

La enfermera revisó sus signos minutos después y anotó en la hoja del hospital que estaba a los pies de la cama que había despertado y vuelto a perder el conocimiento, ya se lo diría al médico de guardia cuando fuera a hacer su ronda.

 

El sol entró muy temprano por la única ventana que daba a la sala de hospital en donde estaba Carlos. Primero abrió los ojos y no entendió que estaba viendo, poco a poco los sonidos le indicaron que estaba en un hospital y pudo ver los tubos que salían de su cuerpo. Aunque trató hablar, no podía por el tubo que estaba en su boca, los brazos estaban libres, pero era incapaz de moverlos, parecía que la fuerza había desaparecido.

 

La enfermera tardó bastante tiempo en ir a verlo y cuando lo hizo le pidió que estuviera tranquilo, que el médico iría a verlo en un rato más, que no hablara porque se lastimaría él solo.

 

-          Paula, ¿en dónde está Paula? – Pensó, quería quitarse los equipos que le habían puesto para mantenerlo con vida, pero era incapaz de hacer el menor movimiento, como si alguien le hubiera quitado la fuerza.

 

Dormitó la mayor parte del tiempo hasta que fueron a quitarle el tubo de la boca y aun cuando estuvo libre, no pudo hablar y sólo hacía sonidos roncos.

 

-          Debe tener paciencia, el dolor desaparecerá pronto y volverá a hablar – le dijo el doctor – de momento debe saber que es muy afortunado de seguir vivo.

-          Paula, ¿dónde está Paula? – trató de articular palabras y solo salían sonidos sin sentido.

-          Sería bueno darle otro sedante – le dijo a la enfermera – es mejor que duerma o se va a lastimar.

 

Carlos no supo en qué momento se había vuelto a dormir, pero cuando despertó ya estaba en otro lugar, seguía en una cama, en un hospital; pero ya no sentía el dolor asfixiante de la garganta; trató hablar y por fin pudo articular una palabra:

 

-          ¿Hola? – Dijo a nadie

 

No sabía si estaba solo, desde su posición no podía ver más allá de lo que sus ojos eran capaces de moverse.

 

-          ¿Hola? – Volvía a decir cada que escuchaba un ruido.

-          Hola dormilón – Finalmente le dijo la enfermera que había ido a revisarlo – Bienvenido al mundo de los vivos.

-          ¿Dónde está Paula? – Le preguntó con palabras lentas y pastosas

-          ¿Quién es Paula?

-          Mi Hija – Contestó Carlos – Estaba conmigo cuando nos atacaron.

-          No sé quién es, nadie ha preguntado por Usted y los de la cruz roja lo trajeron solo – Dijo la enfermera – Cuando pueda levantarse ya podrá ir a buscarla.

 

Carlos levantó la mano para tratar de agarrar a la mujer, quien de un movimiento suave lo evitó. Usó toda la fuerza que encontró en su cuerpo e hizo el esfuerzo para levantarse de la cama con la convicción de salir de ahí para buscar a Paula. El resultado fue penoso y terminó tendido de la cama sin poder ir más allá. La escena llenó de ternura a la mujer y minutos después regresó con otra persona quien dijo ser la trabajadora social; los siguientes minutos fueron de un breve y doloroso interrogatorio para saber su nombre y otros datos que pudieran servir para identificarlo y poder buscar a su hija.

 

Las horas siguientes fueron de angustia y sueños inquietos, no sabía en qué momento estaba recordando o soñando los eventos de aquella noche; su tardanza para recogerla, los hombres (los pollitos no deben salir tan tarde), la risa del hombre grande, las patadas, los gritos de Paula.

 

-          Paula – Seguía repitiendo Carlos como si estuviera orando.

 

Fue hasta el día siguiente que la mujer amable se volvió a presentar y le dijo:

 

-          Nadie contesta en el teléfono que nos diste, ya pudimos avisar en tu trabajo y mandan saludos, prometieron ir a tu casa a buscar a tu hija para decirle en dónde estás.

 

Empezó a temer en verdad, ahora sabía que algo muy malo había pasado.

 

-          Paula – y volvió a llorar de impotencia

 

Continuará…

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domingo, 5 de diciembre de 2021 0 comments

Capitulo 1 Entrega 1

Noche Oscura.

La ciudad, esta ciudad, tiene miles de historia. Dicen que un héroe nace a cada minuto. Esta es la historia de un hombre común que lucha por la justicia, la verdad y en contra de los criminales que le arrebataron a su hija. Un héroe que sacrifica su propia existencia para que los habitantes de la gran ciudad puedan vivir en paz. Esta historia podría ser la tuya.


Pero, empecemos por el principio…


Esa noche, esa fatídica noche, la calle por la que camina Carlos tiene poco movimiento, ya lleva varios minutos de retraso; su trabajo lo entretuvo más de lo normal, en su mente va pensando que ojalá los compañeros de la escuela de Paula se hayan quedado a acompañarla y no esté esperando sola en la calle. 


El edificio donde estudia su hija es una enorme construcción muy vieja y aun guarda la belleza de cuando fue inaugurada; conforme se acerca, la oscuridad es mayor; no ve a nadie y la preocupación se apodera de él. La busca con sus ojos, pero no hay luz suficiente. Quiere correr, pero se siente ridículo y mantiene la velocidad. 


Finalmente, sus ojos perciben el movimiento en la sombra, seguramente el sonido de sus pisadas la alerto. A unos metros de ella logra ver su sonrisa y cómo levanta la mano a manera de saludo, Carlos disminuye la velocidad y sonríe tranquilo.


- Perdón, salí más tarde de lo que pensé – Le dijo a manera de saludo.

- Ya estaba preocupada – respondió Paula – la escuela la cerraron hace un rato y ya no había nadie, pero sabía que no tardabas en llegar. Ya es hora de que tengas un teléfono, no es posible que te sigas negando a integrarte al mundo.

- No tengo nadie que me llame.

- ¿Y yo soy nadie? – Bromeó, sabia que esa discusión no la iba a ganar, su papá estaba convencido de que la tecnología hace a la gente estúpida.

- No quise decir eso.  - se avergonzó de lo que dijo.

- Ya lo se, sólo te estoy molestando. – ella ríe - ¡Dinosaurio!


Y lo abrazó como siempre lo hacía, amaba a su padre y agradecía que hiciera el esfuerzo de ir por ella a pesar de que estuviera cansado después de un largo día de trabajo. Aun les faltaba un largo camino para llegar a casa para preparar el siguiente día y por fin descansar. Caminaban despacio, comentando las cosas del día; una rutina cansada, pero ambos eran muy felices con la vida que habían construido. Carlos sabía que no faltaba mucho tiempo para que ella emprendiera el camino e hiciera su vida, prefería no pensar en eso porque siempre terminaba con una sombra de tristeza en los ojos.


Una risa rompió el silencio de la noche, otras risas hicieron eco. Tres hombres se hicieron visibles:


- La noche es peligrosa para andar paseando, ¿Verdad? – Era una voz profunda que intentaba parecer amistosa, pero el efecto era todo lo contrario.


El hombre más grande se plantó frente a Carlos mientras que los otros dos los flanqueaban.


-Mira lo que nos trajo la noche – Dijo el hombre grande con una sonrisa que la oscuridad impedía ver - Los pollitos no deberían salir tan tarde, se los puede comer el lobo.


Carlos tomó del brazo a Paula y la empujó para pasar a los hombres lo más rápido que pudiera.


- ¿Qué? ¿Se quieren ir tan rápido? Si apenas acaban de llegar y la fiesta va empezar – dijo el hombre grande al tiempo que les cortaba el paso – 

- ¿Quieres dinero? – Preguntó Carlos – No traigo mucho, pero aquí está, sólo queremos irnos.

- Nada de eso – Le respondió ampliando su sonrisa – Hoy son nuestros invitados, mejor dicho: ella es nuestra invitada, ¿Quién te manda  andar en la calle a estas horas sabiendo que la ciudad es tan peligrosa?


Y el hombre grande, tomó a Paula del brazo y la jaló hacia él, Carlos trató de evitarlo y se lanzó contra el hombre quien con el brazo lo hizo a un lago haciendo que perdiera el equilibrio.


- Yo me llevo a la pollita, ustedes encárguense de él.

- ¡Nooo! – Gritó paula – No le hagan nada

- ¡Paula! ¡Corre! – Gritó también Carlos al tiempo que trataba de recuperar el equilibrio para hacer frente a los dos hombres.

- A ver si lo callan de una vez – Dijo el hombre grande y jaló a Paula– que esta noche la fiesta se va a poner buena.


Los hombres lo sujetaron y de un golpe en el estómago le sacaron el aire, los ojos de Carlos se llenaron de lágrimas. Tenía los brazos inmovilizados y las piernas se negaban a sostenerlo


- Tu quieres ver cómo empieza la fiesta – dijo el hombre grande


Tomó la blusa de Paula y con un solo movimiento hacia abajo la desgarró dejando ver su ropa interior.


- No, por favor – Gritó Paula.

- No te preocupes pollita, que te va a gustar – Pero en sus ojos se veía que no iba a ser así

- ¡Malditos! – Carlos, inmovilizado, gritó con impotencia.

- Ya pueden matarlo – y al mismo tiempo tiró un golpe a Paula para que dejara de gritar


Los hombres empezaron a patear a Carlos, quien intentaba gritar, pero cada vez que abría su boca un zapato ahogaba cualquier ruido que saliera. Los primeros golpes le dolieron, pero conforme avanzaba la golpiza, entendía que no iba a poder a hacer nada por su hija y eso le llenaba de desesperación.


- ¡Paula! – Carlos seguía intentado gritar, pero ya no era capaz de ver en dónde estaba.


La noche se hizo más espesa, ya no podía ver o escuchar a Paula. Recibió una patada en el estómago cuando hizo un intento por volver a levantarse, al caer su barbilla pegó en el pavimento y fue la última luz que recibió su cerebro antes de apagarse.


Los hombres lo siguieron pateando hasta que se les cansaron las piernas.


Lejos de dónde su papá era golpeado, Paula seguía gritando y haciendo esfuerzos por escapar.


Continuará…

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