sábado, 8 de enero de 2022

Capítulo 1 entrega 3

 


Carlos tuvo que esperar dos días antes de poder ponerse en pie y un día más para poder caminar con pasos inciertos. Al cuarto día estaba decidido para ir en busca de paula. El doctor le había dicho que no sería prudente, que seguramente no podría ir más allá de la puerta del hospital sin desmayarse.

 

Pero no fue así, la preocupación era un gran incentivo y pudo salir del hospital con paso débil pero poco a poco recuperó fuerza. Al llegar a su casa lo recibió el silencio y la ausencia de Paula. Se dio cuenta que nadie había estado ahí desde que salieran aquel fatídico día. Ya se imaginaba que así sería, sólo se detuvo a descansar lo estrictamente necesario y volvió a salir a reportar la desaparición de su hija.

 

 Repitió la historia muchas veces en el transcurso de esa noche, al licenciado que lo recibió en el ministerio público, al secretario, a los policías y hasta el señor que vendía café afuera de esas oficinas, ahí se enteró de que necesitaba darle dinero a cada una de las personas que tenían que hacer algo para iniciar la búsqueda de su hija. Cerca de las 3 de la mañana se empezó a desesperar, por un lado, porque no lograba que la autoridad se interesara en su caso y por el otro que su cuerpo lo amenazaba con darse por vencido. Quería gritar y golpear a todos.

 

Cerca de las 4 de la mañana y a punto de regresar a su casa, lloró frente al hombre del café; lloró de desesperación, de dolor, de tristeza y de rabia. El hombre, cansado de ver el drama humano en los momentos de más angustia lo vio con ojos de comprensión; tomó un billete, lo piso en su mano y le dijo:

 

-          Vaya a buscar al comandante Martínez, dele el billete y dígale “agradezco su ayuda”.

-          ¿Sólo eso?

-          Sólo eso necesita.

 

Y ese pequeño billete fue la diferencia.

 

-          Mi amigo, esto va a ser muy difícil – Dijo un policía gordo y lleno de grasa en todas partes; ropa, cara y la mano que le extendió a manera de saludo – ya ha pasado más de una semana, pudieron pasar muchas cosas; pero vamos a ver qué podemos hacer. Vaya a dormir, lo buscaré más tarde.

 

Carlos quería quedarse junto al policía, pero sabía que su cuerpo estaba exhausto, Así que siguió el consejo del policía y se fue a su casa. No había nada de comer y se conformó con un té con azúcar para confundir a su estómago que empezaba a reclamar la falta de alimento.

 

Durmió muchas horas, cuando despertó el sol ya se estaba poniendo. Algo lo había despertado: un ruido, pero no era capaz de reconocer de dónde venía. Un momento después volvió a sonar, estaban tocando la puerta. El corazón de Carlos se aceleró ¿Sería el policía? ¿Serían noticias de Paula? Hizo un esfuerzo por serenarse y conteniendo la respiración abrió la puerta.

 

-          Buenas noches señor – era el policía grasoso – traigo noticas.

 

Continuará…


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