La ciudad era indiferente al drama que
ocurría dentro del hospital. Los golpes que Carlos recibió lo dejaron al borde
de la muerte. Por varios días doctores y enfermeras creyeron que no lo
lograría, pero la vida se aferró al corazón del hombre y una semana después de
que lo encontraran los servicios de emergencia despertó:
-
Paula – intentó decir, aunque
si alguien hubiera estado cerca sólo habría escuchado un gemido – Paula – Y se
volvió a desmayar.
La enfermera revisó sus signos minutos
después y anotó en la hoja del hospital que estaba a los pies de la cama que
había despertado y vuelto a perder el conocimiento, ya se lo diría al médico de
guardia cuando fuera a hacer su ronda.
El sol entró muy temprano por la única
ventana que daba a la sala de hospital en donde estaba Carlos. Primero abrió
los ojos y no entendió que estaba viendo, poco a poco los sonidos le indicaron
que estaba en un hospital y pudo ver los tubos que salían de su cuerpo. Aunque
trató hablar, no podía por el tubo que estaba en su boca, los brazos estaban libres,
pero era incapaz de moverlos, parecía que la fuerza había desaparecido.
La enfermera tardó bastante tiempo en ir
a verlo y cuando lo hizo le pidió que estuviera tranquilo, que el médico iría a
verlo en un rato más, que no hablara porque se lastimaría él solo.
-
Paula, ¿en dónde está Paula?
– Pensó, quería quitarse los equipos que le habían puesto para mantenerlo con
vida, pero era incapaz de hacer el menor movimiento, como si alguien le hubiera
quitado la fuerza.
Dormitó la mayor parte del tiempo hasta
que fueron a quitarle el tubo de la boca y aun cuando estuvo libre, no pudo
hablar y sólo hacía sonidos roncos.
-
Debe tener paciencia, el
dolor desaparecerá pronto y volverá a hablar – le dijo el doctor – de momento
debe saber que es muy afortunado de seguir vivo.
-
Paula, ¿dónde está Paula? –
trató de articular palabras y solo salían sonidos sin sentido.
-
Sería bueno darle otro
sedante – le dijo a la enfermera – es mejor que duerma o se va a lastimar.
Carlos no supo en qué momento se había
vuelto a dormir, pero cuando despertó ya estaba en otro lugar, seguía en una
cama, en un hospital; pero ya no sentía el dolor asfixiante de la garganta;
trató hablar y por fin pudo articular una palabra:
-
¿Hola? – Dijo a nadie
No sabía si estaba solo, desde su
posición no podía ver más allá de lo que sus ojos eran capaces de moverse.
-
¿Hola? – Volvía a decir cada
que escuchaba un ruido.
-
Hola dormilón – Finalmente le
dijo la enfermera que había ido a revisarlo – Bienvenido al mundo de los vivos.
-
¿Dónde está Paula? – Le
preguntó con palabras lentas y pastosas
-
¿Quién es Paula?
-
Mi Hija – Contestó Carlos –
Estaba conmigo cuando nos atacaron.
-
No sé quién es, nadie ha
preguntado por Usted y los de la cruz roja lo trajeron solo – Dijo la enfermera
– Cuando pueda levantarse ya podrá ir a buscarla.
Carlos levantó la mano para tratar de
agarrar a la mujer, quien de un movimiento suave lo evitó. Usó toda la fuerza
que encontró en su cuerpo e hizo el esfuerzo para levantarse de la cama con la
convicción de salir de ahí para buscar a Paula. El resultado fue penoso y
terminó tendido de la cama sin poder ir más allá. La escena llenó de ternura a
la mujer y minutos después regresó con otra persona quien dijo ser la
trabajadora social; los siguientes minutos fueron de un breve y doloroso
interrogatorio para saber su nombre y otros datos que pudieran servir para
identificarlo y poder buscar a su hija.
Las horas siguientes fueron de angustia y
sueños inquietos, no sabía en qué momento estaba recordando o soñando los
eventos de aquella noche; su tardanza para recogerla, los hombres (los pollitos
no deben salir tan tarde), la risa del hombre grande, las patadas, los gritos
de Paula.
-
Paula – Seguía repitiendo
Carlos como si estuviera orando.
Fue hasta el día siguiente que la mujer
amable se volvió a presentar y le dijo:
-
Nadie contesta en el teléfono
que nos diste, ya pudimos avisar en tu trabajo y mandan saludos, prometieron ir
a tu casa a buscar a tu hija para decirle en dónde estás.
Empezó a temer en verdad, ahora sabía que
algo muy malo había pasado.
-
Paula – y volvió a llorar de
impotencia
Continuará…
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