Noche Oscura.
La ciudad, esta ciudad, tiene miles de historia. Dicen que un héroe nace a cada minuto. Esta es la historia de un hombre común que lucha por la justicia, la verdad y en contra de los criminales que le arrebataron a su hija. Un héroe que sacrifica su propia existencia para que los habitantes de la gran ciudad puedan vivir en paz. Esta historia podría ser la tuya.
Pero, empecemos por el principio…
Esa noche, esa fatídica noche, la calle por la que camina Carlos tiene poco movimiento, ya lleva varios minutos de retraso; su trabajo lo entretuvo más de lo normal, en su mente va pensando que ojalá los compañeros de la escuela de Paula se hayan quedado a acompañarla y no esté esperando sola en la calle.
El edificio donde estudia su hija es una enorme construcción muy vieja y aun guarda la belleza de cuando fue inaugurada; conforme se acerca, la oscuridad es mayor; no ve a nadie y la preocupación se apodera de él. La busca con sus ojos, pero no hay luz suficiente. Quiere correr, pero se siente ridículo y mantiene la velocidad.
Finalmente, sus ojos perciben el movimiento en la sombra, seguramente el sonido de sus pisadas la alerto. A unos metros de ella logra ver su sonrisa y cómo levanta la mano a manera de saludo, Carlos disminuye la velocidad y sonríe tranquilo.
- Perdón, salí más tarde de lo que pensé – Le dijo a manera de saludo.
- Ya estaba preocupada – respondió Paula – la escuela la cerraron hace un rato y ya no había nadie, pero sabía que no tardabas en llegar. Ya es hora de que tengas un teléfono, no es posible que te sigas negando a integrarte al mundo.
- No tengo nadie que me llame.
- ¿Y yo soy nadie? – Bromeó, sabia que esa discusión no la iba a ganar, su papá estaba convencido de que la tecnología hace a la gente estúpida.
- No quise decir eso. - se avergonzó de lo que dijo.
- Ya lo se, sólo te estoy molestando. – ella ríe - ¡Dinosaurio!
Y lo abrazó como siempre lo hacía, amaba a su padre y agradecía que hiciera el esfuerzo de ir por ella a pesar de que estuviera cansado después de un largo día de trabajo. Aun les faltaba un largo camino para llegar a casa para preparar el siguiente día y por fin descansar. Caminaban despacio, comentando las cosas del día; una rutina cansada, pero ambos eran muy felices con la vida que habían construido. Carlos sabía que no faltaba mucho tiempo para que ella emprendiera el camino e hiciera su vida, prefería no pensar en eso porque siempre terminaba con una sombra de tristeza en los ojos.
Una risa rompió el silencio de la noche, otras risas hicieron eco. Tres hombres se hicieron visibles:
- La noche es peligrosa para andar paseando, ¿Verdad? – Era una voz profunda que intentaba parecer amistosa, pero el efecto era todo lo contrario.
El hombre más grande se plantó frente a Carlos mientras que los otros dos los flanqueaban.
-Mira lo que nos trajo la noche – Dijo el hombre grande con una sonrisa que la oscuridad impedía ver - Los pollitos no deberían salir tan tarde, se los puede comer el lobo.
Carlos tomó del brazo a Paula y la empujó para pasar a los hombres lo más rápido que pudiera.
- ¿Qué? ¿Se quieren ir tan rápido? Si apenas acaban de llegar y la fiesta va empezar – dijo el hombre grande al tiempo que les cortaba el paso –
- ¿Quieres dinero? – Preguntó Carlos – No traigo mucho, pero aquí está, sólo queremos irnos.
- Nada de eso – Le respondió ampliando su sonrisa – Hoy son nuestros invitados, mejor dicho: ella es nuestra invitada, ¿Quién te manda andar en la calle a estas horas sabiendo que la ciudad es tan peligrosa?
Y el hombre grande, tomó a Paula del brazo y la jaló hacia él, Carlos trató de evitarlo y se lanzó contra el hombre quien con el brazo lo hizo a un lago haciendo que perdiera el equilibrio.
- Yo me llevo a la pollita, ustedes encárguense de él.
- ¡Nooo! – Gritó paula – No le hagan nada
- ¡Paula! ¡Corre! – Gritó también Carlos al tiempo que trataba de recuperar el equilibrio para hacer frente a los dos hombres.
- A ver si lo callan de una vez – Dijo el hombre grande y jaló a Paula– que esta noche la fiesta se va a poner buena.
Los hombres lo sujetaron y de un golpe en el estómago le sacaron el aire, los ojos de Carlos se llenaron de lágrimas. Tenía los brazos inmovilizados y las piernas se negaban a sostenerlo
- Tu quieres ver cómo empieza la fiesta – dijo el hombre grande
Tomó la blusa de Paula y con un solo movimiento hacia abajo la desgarró dejando ver su ropa interior.
- No, por favor – Gritó Paula.
- No te preocupes pollita, que te va a gustar – Pero en sus ojos se veía que no iba a ser así
- ¡Malditos! – Carlos, inmovilizado, gritó con impotencia.
- Ya pueden matarlo – y al mismo tiempo tiró un golpe a Paula para que dejara de gritar
Los hombres empezaron a patear a Carlos, quien intentaba gritar, pero cada vez que abría su boca un zapato ahogaba cualquier ruido que saliera. Los primeros golpes le dolieron, pero conforme avanzaba la golpiza, entendía que no iba a poder a hacer nada por su hija y eso le llenaba de desesperación.
- ¡Paula! – Carlos seguía intentado gritar, pero ya no era capaz de ver en dónde estaba.
La noche se hizo más espesa, ya no podía ver o escuchar a Paula. Recibió una patada en el estómago cuando hizo un intento por volver a levantarse, al caer su barbilla pegó en el pavimento y fue la última luz que recibió su cerebro antes de apagarse.
Los hombres lo siguieron pateando hasta que se les cansaron las piernas.
Lejos de dónde su papá era golpeado, Paula seguía gritando y haciendo esfuerzos por escapar.
Continuará…
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