domingo, 16 de enero de 2022

Capítulo 1 entrega 4

El tiempo se detuvo y Carlos sintió que el piso se volvía arenas movedizas. El policía grasoso abría la boca pero sus oídos no captaban sonidos. El visitante lo ayudó a buscar en donde sentarse y espero a que tuviera dominio de si mismo.

 

-          Y ¿Qué fue lo que pasó?

-          Es mejor que vayamos a reconocer el cuerpo, ya habrá tiempo de saber los detalles.

-          ¡Necesito saber qué le pasó! – dijo en un hilo de voz – Paula, mi nena.

 

El policía grasoso entendió que debía darle tiempo al hombre de acomodar sus emociones y no lo presionó.

 

-          Vamos – Le dijo Carlos.

-          ¿No prefiere esperar un poco?

 

Carlos se levantó con mucha energía, la fuerza le había regresado al cuerpo y quería ir en búsqueda de la verdad por doloroso que le resultara.

 

El policía lo llevó en su auto hasta la morgue, durante todo el viaje guardaron silencio que solo rompió cuando estacionó el coche al llegar al edificio.

 

-          Sígame – fue lo único que le dijo

 

Caminaron juntos hasta la puerta doble del enorme edificio que ostentaba el nombre de Servicio Médico Forense. Al ingresar tuvo que anotar su nombre en un libro de pastas duras y se dejó guiar hasta el depósito de los cadáveres. El aroma se iba haciendo más fuerte conforme avanzaban; era el aroma de años de miedo acumulado.

 

-          Espere aquí – y el policía entró a la habitación dejando a Carlos en el pasillo.

 

Minutos después regresó acompañado de otra persona, era difícil identificar si era otro policía, un licenciado o un doctor. Llevaba una bata que había sido blanca, pero ahora tenía un color indefinido; el hombre usaba una corbata chueca y sucia, en los labios una sonrisa que más que simpatía causaba malestar en el estómago.

 

-          ¿Está listo para entrar?

-          Estoy listo – mintió, pero tenía la necesidad de saber qué había pasado y un poco de esperanza de que no fuera Paula.

 

Entró a una sala muy grande que tenía muchas mesas en donde estaban cuerpos tapados por sábanas. El aroma era fuerte, pero Carlos no era capaz de percibirlo.

 

Se acercó otro hombre, no traía bata de doctor, pero si una libreta.

 

-          ¿Cuál es el nombre de la persona?

-          Paula…

-          Y usted es…

-          Su papá

-          Rasgos principales…

-          Un metro sesenta, cabello largo ojos café, piel blanca. Tiene un lunar en el brazo derecho, tiene braquets para enderezar los dientes.

-          ¿Que ropa traía?

-          Pantalón de mezclilla y una blusa rosa pálido, tenis de colores.

 

El recién llegado tomaba nota de todas las respuestas y el hombre con la bata le indicó que se acercara a la mesa que estaba cerca de ellos; tomó el extremo de la sábana y dejó al descubierto la cara de Paula.

 

Tuvieron que llevar a Carlos a la enfermería, tan pronto vio el cuerpo de su hija en la plancha se había desmayado. Tardó bastantes minutos en recuperar la conciencia y otro rato más en estar en posibilidad de platicar con el hombre que había estado tomando nota.

 

-          ¿Qué fue lo que pasó? – Preguntó Carlos haciendo acopio de fuerza.

-          ¿Se encuentra bien para que podamos platicar? – el hombre con la libreta le cuestionó

-          Necesito saber – Respondió

 

Lo que sabían las autoridades era muy poco.

 

-          Nos llegó un reporte hace unos días de un cuerpo que había sido dejado en una calle solitaria, la policía fue a verificar y la encontró. Los doctores de aquí dijeron que la habían asfixiado después de haberla violado. No sabemos cuántos ni cuanto tiempo, pero creen que tuvo que soportar un infierno antes de fallecer. - El hombre hablaba sin emociones, como si estuviera platicando lo que había pasado en la novela de anoche.

 

Carlos no tenía lágrimas, el dolor de haber visto a su Paula y saber lo que había pasado le llenaron el cuerpo de rabia y la necesidad de cobrar venganza.

 

-          Ya estamos investigando el caso, puede estar seguro que encontraremos a los responsables – Le dijo el policía grasoso – Deje que nosotros nos hagamos cargo y le estaremos informando lo que logremos averiguar.

 

Sabía que era mentira y que tan pronto el saliera del forense esos hombres olvidarían a Paula y se convertiría en un número más en la lista de muertos y muertas de la gran ciudad. La rabia seguía creciendo dentro de él.

 

El trámite para recuperar el cuerpo de Paula y darle un entierro digno fue relativamente fácil. Eran su hija y él, no tenían otros parientes a los que avisar. Hacía ya años que estaban el uno para el otro; parecía otra vida donde Paula y Carlos eran felices. Carlos sabía que tarde o temprano ella haría su vida y lo dejaría solo, pero no le importaba, él amaba a su hija y quería lo mejor para ella. Pero esa vida ya no existía, Paula se había ido y ahora tenía que decidir que hacer.

 

A la modesta funeraria donde prepararon el cuerpo de Paula asistió un sacerdote, quien dijo unas oraciones que Carlos escuchó sin ponerles demasiada atención, su mundo se había vuelto insípido.

 

-          Señor, te rogamos que recibas a tu hija en el descanso eterno – decía el cura – que tu amor nos ayude a curar el dolor de su partida.

 

Aquello era muy injusto, si tan solo no hubiera llegado tarde por ella – Pensaba Carlos - ¿Cómo pudieron hacerle eso a una niña como Paula? Yo tengo la culpa, por mi culpa ella murió.

 

-          El señor es mi pastor - seguía con sus oraciones el sacerdote – nada me faltará.

-          Ahora si, nadie va a llorar mi muerte – Carlos seguía con sus pensamientos – aquí he terminado, esto es demasiado para mi.

 

Había tomado una decisión.

Continuará...


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