domingo, 30 de enero de 2022

Capitulo 1 entrega 5

 

El entierro fue más sencillo que el funeral, Carlos pagó para que pusieran una placa en donde conservar la memoria de Paula y pidió que grabaran: 

“La sombra no es para siempre, la luz triunfará”.

 

Estuvo en el panteón hasta que el cuidador le dijo que ya tenía que marcharse. La tarde estaba dejando paso a la noche y ya era hora de enfrentar su destino. Caminó durante mucho tiempo; el dolor, la ira y la culpa le dieron la energía para vagar sin rumbo. No se dio cuenta que sus pasos se dirigieron al lugar en donde los emboscaron aquellos tres hombres y se sorprendió encontrarse parado nuevamente ahí. ¿Cuánto tiempo había pasado? ¿Una semana? ¿Dos? ¿Tres? En realidad no importaba, ella ya no estaba y le parecía una broma de su mente haber llegado sin pensar al lugar en donde había perdido lo que más amaba.

 

El llanto llego sin avisar y dejó que el dolor saliera por sus ojos. Ahí estaba de vuelta recordando todo lo que había pasado en ese tiempo; se sintió más impotente y vulnerable que nunca. Sintió mucho frio, por instinto volteo a ver como si pudiera preguntar a la noche por qué había bajado la temperatura, su sangre se congeló dentro de sus venas:

 

-          Mira lo que nos ha traído la noche – dijo una voz que recordaba bien – ya es muy tarde para que los pollitos salgan, se los puede comer el lobo.

 

La mente de Carlos le mostro muchas imágenes en fracciones de segundos: a Paula, sus gritos, los golpes, la morgue, el panteón.

 

-          Tú la mataste malnacido – encaró al hombre grande

-          Ja Ja Ja, miren, los pollitos a veces salen respondones – le dijo el hombre grande a sus acompañantes que habían salido de las sombras.

 

Se lanzó a golpear al hombre, quería matarlo y estaba dispuesto a todo para lograr su venganza. La batalla duró muy poco, alcanzó a conectar algunos golpes que no hicieron mayor daño en el hombre grande y uno de sus acompañantes lo derrumbó con una patada en la entrepierna, el dolor lo hizo caer y retorcerse.

 

-          Ya me acordé quien es – Dijo el hombre grande – es el papá de la pollita que nos comimos el otro día, yo creo que es mejor que solucionemos este asunto, hay que cortarles la cabeza a los pollitos respondones, luego se hacen gallos de pelea.

 

Los acompañantes del hombre grande le hicieron levantarse y lo subieron a una camioneta, cada que intentaba escapara Carlos recibía más golpes, sangraba por varias partes de la cara y la cabeza, el dolor del cuerpo era intenso y aun así seguía tratando de lanzar golpes y mordidas, pero la respuesta eran más golpes.

 

El hombre grande condujo un rato, Carlos no tenía forma de saber a dónde lo llevaban, la lluvia de golpes era intermitente.

 

-          No lo vayan a matar, no quiero que ensucie el coche, esperen a que lleguemos a la barranca.

 

Dejaron de golpearlo, pero Carlos ya estaba semiinconsciente, los ojos se habían hinchado y no los podía abrir, la boca era una masa informe incapaz de articular palabras, hacía rato que había dejado de lanzar golpes probablemente porque ya tenía varios huesos rotos.

 

-          Bájenlo – ordenó el hombre grande

-           Está desmayado – dijo uno de los acompañantes

-          Despiértalo

 

Lo arrastraron para bajarlo de la camioneta y ya en el suelo lo volvieron a patear hasta que un rastro de vida se asomó en la cara de Carlos.

 

-          ¿Sabes lo que le pasa a los pollitos curiosos? – Le dijo el hombre grande – que encuentran lo que andan buscando.

-          Cuéntale lo que hicimos con la muchacha – dijo el otro de los acompañantes – seguro que le va a gustar la historia.

-          ¿Quieres saber lo que le hicimos a tu hija? La trajimos aquí mismo y nos divertimos un buen rato, mira que tenías una hija fuerte: peleó como una campeona durante mucho tiempo, pero como todas al final terminan por darse por vencidas.

-          Malditos – Lanzó un gruñido Carlos que no se podía entender.

-          ¿Qué dijiste? ¿Nos estás insultando? – y el hombre grande lo volvió a patear – venga muchachos, vamos a terminar con esto que aún tenemos que trabajo que hacer.

 

Carlos ya estaba más muerto que vivo, no sintió los golpes y patadas que recibió, ni sintió como lo arrastraron al borde de la barranca en donde una piedra hacía las veces de mirador.

 

-          Me saludas a tu hija y le dices que pienso en ella – Dijo el hombre grande y con el pie empujó a Carlos hasta que su cuerpo estuvo al borde de la roca – Esto es lo que les pasa a los pollitos que salen respondones.

 

El hombre grande dio un último empujón y Carlos empezó a caer.

Continuará...


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