domingo, 27 de febrero de 2022

Capítulo 1 entrega 7

 

Capítulo 1 entrega 7

Matar a un hombre no era extraño para el hombre grande ni para sus amigos. Lo habían hecho en muchas ocasiones: para defenderse, porque se los habían ordenado o simplemente como diversión; salvo la primera vez, todas las demás estaban libres de emoción, sólo cuando tenía que pelear por no perder la vida, no sentía nada al jalar el gatillo, usar el cuchillo o arrojar a alguien a un barranco; esa parte de su humanidad ya había quedado atrás.

 

A la mañana siguiente de que arrojaran el cuerpo de Carlos, el hombre grande recibió un mensaje en su teléfono: “Ven”. Era de su padrino, el hombre que lo había rescatado de la miseria donde había nacido y le había enseñado todo lo que sabía. Le debía respeto y miedo, a veces le tenía cariño, pero eran más las veces que sentía miedo; esta era una de ellas. Nunca lo llamaba tan temprano, debía ser algo importante. Sabía que no debía hacerlo esperar y en menos de una hora estaba en la casa de seguridad donde sabía que se encontraría.

 

- Pasa Pep – Le dijo el padrino usando el apodo con el que los demás le llamaban -

La vida te dio la oportunidad de ser alguien y tú la tiras a la basura, ya te había dicho que tienes que tomarte esto en serio y no andar haciendo cosas que nos pongan en riesgo, mira que matar a la muchacha.

 

El padrino sabía todo lo que pasaba en la ciudad, era su dueño y tenía informantes en todas partes.

 

-          Si, ya me dijeron que la mataste después de haber jugado con ella – el rostro del padrino no expresaba ninguna emoción y eso sólo podía significar que estaba muy enojado - ¿Fue idea tuya o de los inútiles amigos con los que andas?

-          Pero es que yo – Pep estaba acobardado – yo no quería…

-          Pero igual lo hiciste, esta familia depende de que nos cuidemos unos a otros– Le dijo y cada una de sus palabras pronunciadas con calma lo hicieron temblar – La policía sabe que fuiste tú, hay gente que quiere vernos caer y les das las armas ¿Qué ganaste con esto? Nada, te arriesgaste por un momento de diversión.

-          Pero es que yo … - la voz de Pep estaba quebrada

-          Sigues siendo un niño que corre buscando sus juguetes, estoy decepcionado – Le escupió estas últimas palabras – estás fuera.

 

Estas fuera… ¿significaba eso que lo mandaría matar? Pero ¿Para qué mandarlo llamar si así fuera? Su padrino tenía muchos matones que con gusto lo hubieran mandado al otro lado. No podía creer que simplemente lo dejaran fuera, sabía que sólo había una forma de salir y era con un pase al panteón.

 

-          Tome una decisión y no vayas a hacer que lo lamente – le dijo con el mismo tono de voz lleno de calma que provocaba temor – te vas a ir con los amigos de Texas. Vas a ser su ayudante: si te piden que brinques, brincas; si te piden que te hinques, te hincas. ¿Está claro? Ya hablé con ellos y te está esperando una bienvenida a la altura de lo que acabas de hacer.

-          ¿Puedo regresar?

-          No, te dije que estabas fuera – le respondió el jefe criminal de la ciudad levantando la ceja derecha – pero podrás seguir vivo.

 

Sabía que había agotado la paciencia del hombre más poderoso que había conocido. Su vida había terminado como estaba acostumbrado y no estaba seguro de que seguir vivo fuera una buena noticia.

 

-          ¿Mis amigos?

-          Ya no serán un problema – le contestó al mismo tiempo que usaba el teléfono que había permanecido junto a su mano derecha y hablo con alguien – ya puedes venir.

 

Casi de inmediato entró uno de los guardianes de su padrino, le apodaban piedra y el mote se lo había ganado a pulso, todo aquel que lo enfrentó terminó aplastado; era un hombre reservado y cruel.

 

-          Gracias padrino, lo siento mucho – Dijo Pep como despedida.

-          Ya vete – fue la única respuesta que obtuvo.

 

No se atrevió a preguntar por sus cosas, se dejó guiar por la piedra y pronto estuvieron en un coche.

 

La policía encontró esa misma tarde los cuerpos de los dos hombres que a habían ayudado a matar a la muchacha, los errores se pagaban caro en esa organización.

 

 

Entre que Carlos despertó y cobrara conciencia pasó mucho tiempo; su mente estaba desorientada. El primer pensamiento del que tuvo conciencia fue la pregunta de si estaría muerto, todo era oscuro salvo una vela que apenas permitía ver algo; olía a humedad y encierro, pero no era desagradable. Pasó un buen rato y percibió un dolor indefinido en todo el cuerpo. Después de pensarlo decidió que no estaba muerto, con dificultad se levantó y fue a la mesa en donde descansaba la vela, la tomó y recorrió la habitación, era muy pequeña. Más ayudado con el tacto que con los ojos, encontró la puerta y comprobó que estaba cerrada y no podía abrirla; era un prisionero entonces.

 

¿Cuál era su situación? Recordó los eventos antes de la golpiza y maldijo seguir vivo, su situación había empeorado, su hija seguí muerta y él ahora era prisionero. No entendía por qué, no tenía dinero para pensar en que alguien buscara cobrar un rescate, no tenía amigos o familia que pagaran por liberarlo; la única opción que se le ocurrió es que se estaban vengando por el intento de ataque, aunque también parecía algo absurdo, era más sencillo que lo hubieran dejado morir.

 

Buscó la mesa y regresó la vela a su lugar.

 

-          Busca y encontrarás – La luz reflejó esas palabras escritas en la pared cerca de donde puso la vela.

-          Alguien estuvo encerrado antes que yo aquí – pensó Carlos.

 

Se dirigió al lugar en donde había estado acostado y pensó que no tenía nada que hacer, ¿Su antecesor habría hecho otros escritos? Volvió a tomar la vela y recorrió las paredes en busca de más escritos.

 

-          Si tuvieras otra oportunidad ¿Qué le darías al mundo? – decía la inscripción

-          Venganza – fue el primer pensamiento que llegó a su mente – Alguien debería ponerles un alto a los criminales.

 

De inmediato se sintió mal consigo mismo, no había sido capaz de hacerles daño, sólo había conseguido que casi lo mataran y ahora lo tenían encerrado y sin saber qué sería de él.

 

-          Pero si tuviera la oportunidad, dedicaría mi vida a que paguen por sus crímenes - ¿Qué otra cosa le quedaba a Carlos? La fantasía.

 

Prosiguió su búsqueda, iba tanteando la pared buscando más cosas escritas.

 

-          Toca y se te abrirá – decía la tercera inscripción

-          ¿Será tan fácil? – sonrió Carlos ante un pensamiento tan infantil.

 

Buscó la puerta y tocó 3 veces, la respuesta inicial fue el silencio; unos momentos después la puerta se abrió…

 

 

El hombre grande, Pep, tuvo temor de que al llegar al nuevo país con gente que no conocía le fueran a hacer la vida imposible; sin embargo, no fue así. Le dieron un trabajo que no le era desconocido, tenía que acompañar a otro hombre a cobrar dinero en distintas partes de la ciudad, su responsabilidad se limitaba a vigilar y en caso de que hubiera problemas proteger el dinero y, si se podía, a su acompañante. Sus jefes estuvieron complacidos y en pocas semanas ya estaba haciendo la labor principal.

 

En realidad, no extrañaba la ciudad donde había vivido desde niño, quizá extrañaba el sentirse el dueño de las calles en donde solía “trabajar”, pero este había sido un cambio positivo. Se hizo el propósito de no meterse en más problema y tratar que su padrino lo perdonara para poder regresar. Las semanas se convirtieron en meses y ya se estaba acostumbrando a una cómoda rutina.

 

Esa mañana el patrón (el jefe de todos sus compañeros y amigo personal de su padrino) lo mandó llamar.

 

-          Has trabajado muy bien, no has dado problemas y te has ganado la confianza de muchas personas de por aquí muchacho, incluso algunos dicen que eres de ley y que te fajas bien y bonito cuando es necesario.  – Le sorprendió a Pep que le llenaran con tanto elogio – tengo un favor especial que pedirte.

-          Usted dirá patrón – le dijo Pep usando la fórmula con la que los demás acostumbraban hablarle.

-          Yo sé que para un hombre de tu capacidad no va a ser difícil, pero tienes que saber que para esto que te voy a pedir hay que ser muy hombre – le dijo el Patrón con una sonrisa retadora, era obvio que lo estaba tratando de manipular de una forma muy vulgar.

-          Ya verá Patrón que soy tan hombre como el que más.

-          Así será muchacho.

 

El Patrón se había ganado el territorio mediante la violencia y sobre todo eliminando a todo aquel que le estorbara, también tenía fama de ser un hombre honrado, un hombre de Ley, que tenía amigos en todo el mundo (y en su caso se trataba en realidad en todo el mundo). Su padrino y el patrón tenían muchos años de hacer negocios juntos, sabían todo lo que se tenía que saber y acostumbraban intercambiarse favores. No era raro que el patrón lo hubiera aceptado sabiendo que en algún momento podía cobrar el favor y había llegado el momento.

 

-          Tenemos un problema, los primos se están volviendo un dolor de cabeza, eran gente de bien, gente en la que se podía confiar, pero se han vuelto arrogantes y creen que pueden tomar lo que sea.

-          Eso he escuchado – concedió Pep

-          Alguien debería enseñarles modales – sugirió el Patrón.

-          Y enseñarle a los demás

-          Tu si sabes muchacho, ya sabes qué hay que hacer.

-          Si Patrón, lo haré bien

-          Ya veremos qué más hay para ti cuando termines

-          Gracias Patrón – Pep estaba seguro de que no había nada que agradecer, que le acababan de regalar una sentencia de muerte.

 

Pep sabía que cada minuto que siguiera con vida era un extra, desde aquella conversación con su padrino sabía que tenía mucha suerte de tener la cabeza todavía en su lugar.

 

Matar a los primos era una misión suicida, no había otra opción que acercarse a ellos y descargarles la pistola lo más cerca posible, con la enorme posibilidad de le llenaran de balas antes de que pudiera hacer siquiera el segundo disparo. En realidad no importaba, lo estaban sacrificando y sabía que ese era el precio que el Patrón estaba cobrando por haberlo recibido.

 

-          A veces se es lobo, a veces pollito – pensó Pep - ¿Qué le vamos a hacer?

 

Tomó su mejor pistola, la limpió y se aseguró de que tuviera la carga completa; cualquier plan era tan bueno como otros. Así que sin pensar en lo que le podía pasar, salió de su cuarto con la chamarra en una mano y la pistola en la otra.

 

El camino al infierno había comenzado.

Continuará...

¿Quieres leer desde la primer entrega? Aquí empieza la historia: https://novelalasombra.blogspot.com/2021/12/capitulo-1-entrega-1.htm

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